• Georgios Meroussis

El Cerebro y las Mentiras


Cuando una persona miente hay un aumento en la actividad cortical de los lóbulos frontal y temporal y del sistema límbico. La mentira se puede manifestar fisiológicamente por aumento de la presión arterial, la frecuencia cardiaca y respiratoria y la sudoración de la piel. Este incremento de la actividad cerebral es, a la vez, un estímulo para desplegar más interconexiones neuronales que contribuyen a expandir la inteligencia. Cuando se miente interesadamente, la amígdala produce una sensación negativa que limita el grado de las mentiras.

No obstante, esta respuesta se reduce a medida que se continúa mintiendo, aumentando la escala de los engaños; esto conduce a una espiral desde los pequeños actos de falta de sinceridad hasta una vida llena de ilusiones y autoengaños.

Lo que todavía no se sabe es si esta respuesta de la amígdala es innata o nace del aprendizaje como una adaptación del organismo humano.

El ser humano en su neocorteza posee unas neuronas especiales (denominadas neuronas espejo) a partir de las cuales, luego de estudios realizados en animales, se ha podido entender la relación compleja entre la cognición y las interacciones sociales.

Las neuronas espejo se consideran precursoras de los sistemas neuronales del lenguaje. El cerebro lee el mundo, tarea en la que las neuronas espejo son fundamentales; también entiende lo que ve y lo que ve determina lo que siente y es posible que la imitación funcione en ambos sentidos, positivamente (lo que consideramos cierto o bueno) o negativamente (recurriendo a la mentira), es decir, más de acuerdo a lo que haga la sociedad que a lo que ella diga.

Si mentimos lo hacemos fundamentalmente por evitar un castigo o para aprovechar una oportunidad, ya que como no dejamos de ser un animal mamífero sin garras, utilizamos otro tipo de herramientas (entre ellas está la mentira) para conseguir nuestros objetivos.

Tal vez vivir competiendo en estos tiempos hace que mentir se haya convertido casi en un hábito, tan solo por la costumbre de vivir permanentemente la necesidad de caer bien y de cubrir los déficits como sea; sin negar, también, que existen personas que mienten de manera más habitual como una configuración incluso de su propia personalidad.

Entonces, ¿mentimos ahora más que antes? No exactamente y depende de las personas. Está demostrado que los individuos que más mienten son los narcisistas, aquellos que tienen altos rasgos de psicopatía, los deshonestos y los egoístas que solo buscan su propio beneficio.

Asimismo lo hacen frecuentemente las personas inseguras y con altos niveles de ansiedad. Ellas suelen mentir para tener la aprobación de los demás, al igual que los introvertidos que mienten más que los extrovertidos por ser más inseguros y necesitar la aprobación del resto.

Mentir menos tiene efectos positivos en la salud, en cambio, hacerlo sistemáticamente reduce la capacidad cognitiva, genera rechazo y desencadena represalias.

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